ENFOQUES CONSTRUCTIVISTAS
Los posibles enfoques para la interpretación constructivista de los procesos de enseñanza y aprendizaje se puede ubicar en un continuo que sitúa la construcción del conocimiento en el sujeto individual, despreciando el componente socio-contextual de esa construcción (constructivismos endógenos); hasta posicionamientos que consideran el conocimiento social como la única fuente válida de conocimiento, con la consideración del sujeto colectivo como el elemento nuclear, negando, de esta manera, al sujeto individual (constructivismos exógenos); pasando por posiciones que postulan una dialéctica, más o menos declarada, entre el sujeto y el contexto, entre lo individual y lo social.
Los cuatro
principios sobre los que se asienta el constructivismo radical (Von
Glasersfeld, 1995) son los siguientes:
CONSTRUCTIVISMO COGNITIVO
El constructivismo cognitivo, que parte esencialmente de la teoría piagetiana y postula que el proceso de construcción del conocimiento es individual, realiza los análisis sobre estos procesos bajo tres perspectivas: la que conduce al análisis macrogenético de los procesos de construcción, la que intenta describir y analizar las microgénesis y la vertiente integradora de estas dos posiciones.
CONSTRUCTIVISMO
SOCIO-CULTURAL
El constructivismo socio-cultural tiene su origen en los trabajos de Lev S. Vygotsky y postula que el conocimiento se adquiere, según la ley de doble formación, primero a nivel intermental y posteriormente a nivel intrapsicológico, de esta manera el factor social juega un papel determinante en la construcción del conocimiento, aunque este papel no es suficiente porque no refleja los mecanismos de internalización. De esta manera el constructivismo socio-cultural propone a una persona que construye significados actuando en un entorno estructurado e interactuando con otras personas de forma intencional. Este proceso de construcción presenta tres rasgos definitorios: la unidad de subjetividad-intersubjetividad, la mediación semiótica y la construcción conjunta en el seno de relaciones asimétricas.
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LA TENDENCIA
CONSTRUCTIVISTA EN EDUCACIÓN
La tendencia
actual de la investigación psicoeducativa sigue pues una línea integradora
entre las posiciones más renovadoras del constructivismo cognitivo y los
constructivismos de corte social (constructivismo socio-cultural y construccionismo
social). Este intento de integración, en su vertiente más moderada, ha
conducido a la elaboración del constructo denominado “cognición situada” en su
vertiente más polarizada hacia el constructivismo exógeno, a la de “cognición
distribuida”. La cognición distribuida sustituye la teoría individual de la
mente por la teoría cultural de la mente y postula que los artefactos y
recursos externos modifican la naturaleza y el sistema funcional de donde
surgen las actividades, afectando a nuestra concepción de qué, cómo y por qué
se necesita conocer (Hutchins, 1995).
La concepción de la cognición como inextricablemente situada y distribuida nos conduce a la noción de comunidad de aprendizaje. El concepto de comunidad de aprendizaje se puede definir como un grupo de personas que aprende en común, utilizando herramientas comunes en un mismo entorno. Las comunidades de aprendizaje nos hablan de grupos de personas con distintos niveles de pericia, experiencia y conocimiento que aprenden mediante su implicación y participación en actividades auténticas y culturalmente relevantes, gracias a la colaboración que establecen entre sí, a la construcción del conocimiento colectivo que llevan a cabo y a los diversos tipos de ayuda que se prestan mutuamente, de manera que lo que se pretende es la construcción de un sujeto socialmente competente.
LA ESTRUCTURA
GENERAL DEL CONSTRUCTIVISMO
EL TRIÁNGULO AFECTIVO-RELACIONAL
Por lo que se refiere al triángulo afectivo-relacional vemos que consta de tres componentes: profesor-alumno-metas, donde la interacción entre alumnos y metas constituye el eje vertebrador de esta subunidad.
EL TRIÁNGULO INSTRUCCIONAL
Esta noción, de manera muy simple,
viene a expresar que lo que la sociedad demanda de los individuos son ciertas
capacidades o potencialidades que les posibilite actuar eficazmente en un
contexto determinado, de manera que una “persona competente” es aquella que en
situaciones diversas, complejas e impredecibles, pone en movimiento, aplica e
integra los conocimientos declarativos, procedimentales y causales que ha
adquirido. Por lo tanto, la competencia se basa en los conocimientos, pero no se
reduce a ellos.
En este proceso, el profesor se
sitúa en el baricentro del triángulo instruccional y se constituye en el
mediador entre la estructura cognitiva del alumno, la estructura logocéntrica
de los contenidos y las finalidades objetivas y subjetivas del aprendizaje.
En tanto que mediador entre la actividad constructiva del alumno y los contenidos, posibilita la construcción de representaciones cognitivas de estos últimos adaptadas a las metas instruccionales. En tanto que mediador entre las características afectivo-emocionales de los alumnos y las metas instruccionales, posibilita la atribución de sentido a los contenidos. En tanto que planificador instruccional articula los contenidos y los objetivos en forma de competencias que puedan ser potencialmente asimilables por la estructura cognitiva del alumno, al tiempo que hace que le resulten retos motivantes.










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